miércoles, 13 de agosto de 2014

Tales of Xillia

Ya ha llovido mucho desde que escribí las impresiones del Final Fantasy XIII y mi alma gamer ha seguido entusiasmándose desde entonces con muchos juegos.
En el día de hoy os traigo mi opinión sobre Tales Of Xillia, juego de rol que fue lanzado en el año 2011 y que llegó 2 años más tarde a Europa.

sábado, 9 de agosto de 2014

Jack Nelzar

- Ha llegado la hora... Hijo mío.

Éstas palabras resonaban con fuerza en mi mente mientras aquellos hombres me conducían al aeropuerto espacial. Mi destino era llegar al famoso centro educación y militarización para bióticos; iba a ser el primer Nelzar en formarme como biótico. ¿La razón? Venganza. Pero no adelantemos acontecimientos. Mi nombre es Jack Nelzar y esta es mi historia.

Nací bajo el seno de una de las familias más importantes de Eden Prime (decir que mi madre es originaria de Eden Prime y mi padre de La Tierra), y también de la Alianza. El apellido de mi padre era bastante famoso y gozaba de buena fama, pues era una de las piezas clave dentro de la política de la Alianza. Su mirada siempre estaba puesta en obtener un lugar dentro de La Ciudadela; gracias a ello ni a mis hermanos ni a mi nunca nos ha faltado de nada. Mi padre siempre ha querido que estudiasemos lo mismo que él, para seguir extendiendo el poder de nuestro apellido. Padre consiguió hacerlo con mis 5 hermanos, pero conmigo fue diferente y creo que en parte se lo debo a Madre. Parece que la intención de mi padre era hacer lo mismo que con mis hermanos, pero mi madre consiguió convencerle para que yo tuviese más libertad para elegir; por esta razón y a una temprana edad Padre y Madre me trasmitieron su increible afición por la literatura. Así pues a los 9 años ya había leído la mejor literatura de La Tierra; a los 10 me apuntaron al mejor círculo de lectura y creatividad de toda la colonia de Eden Prime.

Mi relación con mi familia siempre ha sido buena, sobretodo con Madre, aunque muchas veces echaba de menos el afecto de mis hermanos y el de Padre. Ella me decía siempre que estaba ocupado con asuntos administrativos y burocráticos. Todo ello para garantizar mayor seguridad dentro de las colonias humanas ya creadas y de las que estaban por venir.

Mi padre y yo nos queríamos mucho, pero todo cambió. Todo por culpa de aquel hombre, de aquel llamado Marcus Berg. Este personaje se trataba del mismísimo presidente de Eden Prime y mi padre consiguió ser su mano derecha los últimos cinco años de su mandato. Sin embargo, ya se conocían de tiempos pasados. Ambos coincidieron en la misma escuela de prestigio para la política galáctica.
Yo lo conocí por las constantes visitas que hacía para ver a mi padre y hablar sobre política y otras "actividades". A mi siempre me cayó mal, era una persona obesa, muy sucia, muy egocéntrico y siempre fumaba unos enormes puros habanos que provenían de la Tierra. Le detestaba a él y a su enorme puro, y él lo sabía, pero Madre me explicó que debía comportarme correctamente incluso con aquellos que no lo merecían. Intuyo que a ella tampoco le gustaba aquel ser tan asqueroso. Un motivo suficientemente válido para que yo lo odiara fue su desprecio a mi interés por la lectura y la literatura, en vez de las actividades políticas de La Alianza, como sí hacían mis hermanos. "La humanidad se convertirá en el centro del universo. Y todos nos respetarán", solía decir muy a menudo.

Y llegó el año que cumplí los 16 años. Un año fatídico tanto para nuestra familia como para Eden Prime, e incluso también para Marcus Berg, ya ex-presidente por dos años. Por aquel entonces, se acrecentó un grupo que se hacían llamar Cerberus y que luchaban por una libertad y unas doctrinas que La Alianza se negaba a seguir. Los del bando contrario pronto los catalogaron de "grupo de terroristas que ponían en peligro la estabilidad no solo de todas las colonias sino también de la propia Alianza". Curiosamente con la creciente aparición de ese grupo, empezaron a suceder una brutal oleada de asesinatos. Primero importantes escritores, luego artistas. Después empezaron a caer los políticos con más renombre.

Y llegamos al momento en que mi madre fue víctima de uno de esos asesinatos y en los que mi padre casi no lo cuenta. Él se salvó, pero ella... A partir de aquel día, mi padre cambió para mal. Empezó a descuidarse, empezó a juntarse otra vez con Marcus desde que se vieron por última vez en el gobierno. Incluso les oí discutir muchas veces por la ola de asesinatos. Mi padre empezó a ponerse nervioso por todo, su buen humor desapareció completamente y comenzó a comportarse de manera parecida a Marcus. Incluso empezó a fumar esos malditos habanos que inundaban toda la casa. Su relación conmigo empezó a enfriarse y empezó a ignorarme.

Cuando pasaron dos meses desde que sucedió todo aquello, ocurrió algo inesperado para mi. Después de no presentarme por vigésima vez al círculo de lectores y asistir a la discusión número cien entre mi padre y Marcus Berg, hice lo que muchas veces me relajaba: pasear por el bosque para dejar volar mi imaginación. Pero aquella noche, el destino o lo que fuese me hizo asistir a uno de los espectáculos más deplorables que he visto. Un hombre estaba golpeando a una mujer indefensa. Ella gritaba desesperandamente, mientras trataba de zafarse sin mucho éxito. Finalmente, empezó a golpearla con más fuerzas hasta que dejó de emitir sonido alguno. En aquel preciso instante, mi cuerpo, paralizado por el miedo, empezó a reaccionar y mis piernas empezaron a correr hacia aquel demonio hasta chocar contra él.

Ese recuerdo lo tengo muy confuso. Recuerdo haber forcejeado mucho hasta que una piedra que le
lancé impactó en su cabeza. Acto seguido comencé a golpearle con esa piedra hasta que me di cuenta que aquel cuerpo dejó de moverse. Al levantarme, me percaté que aquel cuerpo era ni más ni menos que el de Marcus Berg, ex-presidente de Eden Prime. Después de esto, no recuerdo que ocurrió exactamente.

En los días que se sucedieron, se habló de un nuevo atentado por parte de la organización terrorista quienes habrían secuestrado y posteriormente torturado hasta morir al honorisimo ex-presidente Marcus Berg y a su hija. También advirtieron unos posibles nuevos ataques ahora contra mi padre y otros políticos, pues la policía encontró en el cuerpo de Marcus Berg un escrito en el que figuraban tachados los nombres de muchos políticos que murieron y de personas relacionadas con ellas. Y como no, entre ellos figuraban los miembros de MI familia. Estábamos en peligro, según nos anunciaron las fuerzas de seguridad de Eden Prime . No lo entendía, ¿por qué tenía Marcus esa hoja? ¿Acaso él era uno de los artífices de esos asesinatos? Y si era así, ¿por qué se apunto también en esa hoja? Nada tenía sentido en ese momento.

Mi padre tomó sus precauciones y reforzó la seguridad de nuestra casa. Acto seguido convocó una reunión familiar en la que nos prohibió salir de casa. También, nos dijo que íbamos a abandonar Eden Prime, pues era muy peligrosos. La solución inmediata para todos sería acudir al lugar más seguro del universo, La Ciudadela. Rectifico, la solución inmediata paras mis hermanos y mi padre. El destino me tenñia reservada una sorpresa.

Cuando terminó la reunión, Él me pidió hablar a solas. Me explicó que tenía planes diferentes para mi. Al ser de otra pasta que la de mis hermanos, iba a empezar a entrenar en la Biótica, hasta que, cumplidos los 18, pudiese ir al centro de "Entrenamiento de moderación y adaptación de bióticos". Quería que me entrenase para poder luchar contra esos "malditos terroristas" y poder vengarme de la muerte de Marcus Berg. La simple pronuncia de su nombre, me transportaba a aquella noche.
No pude ni siquiera negarme. Mi padre había tomado una decisión que ya tomó con sus hijos y que no hizo conmigo. Sería el primer Nelzar biótico.

Y aqui estamos, en el final del camino. Me han entrenado para ser tan rápido como una sombra y letal; para que sea capaz de jugar con los elementos en mi propio beneficio. Me han convertido en una guerrero alternativo que pronto deberá servir a su raza. Y todo para tratar de vengar a un tipo que, creo, fue el causante de toda esta locura de asesinatos. Pero no puedo demostrarlo. Si lo hiciese, me condenarían y mi familia vaería en desgracia. No puedo hacer eso.

Debo fingir.... ¿Para qué? Para vengarme. ¿De quien? De Jack Nelzar.

Qué ironía...

jueves, 3 de abril de 2014

¿Quién soy?

¿Quién soy?

Es una pregunta que me he estado haciendo desde el día en que desperté. Sólo. En un yermo desértico, sin nada ni nadie. No había rastro de civilización, tampoco de vida. Desperté con las manos manchadas de sangre, manchas que se habían desperdigado por todo mi cuerpo. Pero no eran mías. No sentía dolor. ¿Qué había pasado? No podía recordar nada, ni siquiera un nombre.
El día en que desperté llevaba una armadura de metal, agrietada, abollada, agujereada... destrozada. En el centro había como una especie de símbolo, como de una espada y unas extensiones. O algo parecido. ¿Qué podía significar aquellos símbolos? ¿Y por qué había llevado esa armadura?
Muchas preguntas me asaltaban y apenas ninguna respuesta. Empecé a vagar sin rumbo por aquellos parajes vacíos y solitarios. Los árboles que me encontraba estaban marchitos y medio muertos. Cada paso mío se levantaba una mota de polvo que se posaba sobre unas desgastadas botas.
No recuerdo cuánto tiempo anduve deambulando. Sin comer, ni beber. Ni siquiera descansaba. Apenas podía dormir. Las noches eran muy frías, difícil era encontrar un rincón para resguardarse de los dardos punzantes de hielo. Mi aliento desaparecía bajo un manto de oscuridad, el cielo escondía sus estrellas, salvo la luna, vigilándome siempre.

Transcurrieron días y noches. Noches y días. Horas y quizá semanas. ¿Realmente era así?
Y un día, mis piernas fallaron. Exhausto, sin poder respirar bien. Caí. Esperando mi muerte.
Pero entonces, ocurrió algo. El sonido del viento se entremezcló con los pasos fuertes de alguien. Una figura se acercaba a mi. Las escenas que sucedieron después no las recuerdo con claridad. Solo pequeños retazos. Era una figura alta que me cuidó. Supe que era mujer por su voz, una voz cálida y dulce que palió los dolores del corazón. Me hablaba pero yo no la entendía. Yo quería implorarle ayuda, quería respuestas a mis preguntas. Pero mi voz estaba apgada

Recuerdo que tenía cabellos largos. Recuerdo también que me dijo su nombre: "Nym"; y entonces empezó a hablarme en un idioma que desconocía. Sentí que mi cuerpo empezaba a recuperarse, mi respiración volvía a la normalidad. ¿Qué me estaba haciendo? ¿Acaso era magia?
Después de aquello tuve un sueño. En él, estaba yo con una armadura parecida y con el mismo símbolo, armadura que había dejado tiempo atrás en el camino, luchando contra monstruos y unas aberraciones de la naturaleza, seres con la cara deformada con túnicas largas y sucias. En el sueño luchaba sin descanso. Solo. Contra un montón. Y de fondo una gran torre que se elevaba hacia el cielo. Algo me impactó y volví a despertar.
Me encontraba de frente a Nym, pero sin poder verla bien. Como si fuese un fantasma. ¿Otro sueño? "Toma" me dijo "pertenecía a alguien muy especial". Miré el objeto. Era una especie de collar pero mucho más pequeños, en los hilos de hierro había pequeñas bolitas de un color anaranjado (las del centro tenían un tono más oscuro que los de los extremos). No entendía el motivo de aquel "regalo" y antes de que pudiera hablar me dijo: 

"Las semillas vuelven a crecer. Ve allí y encuentra tus respuestas"

El paisaje de nuestro alrededor empezó a cambiar. Y al observar un punto concreto, me percaté de lo muy familiar que me resultaba. Era la torre que había visto en mis sueños. ¿Qué demonios había pasado? Me giré para preguntarle... pero ya no estaba. Había desaparecido. ¿Un sueño? No, no había podido serlo, puesto que aún tenía en sus manos aquel colgante o lo que fuese. ¿Entonces qué?
Otro misterio más. Pero esta vez tenía un objetivo. Apreté el colgante con fuerzas y me encaminé hacia mis respuestas. Para desilusión mía, no encontré nada más que ruinas, polvos y soledad. Entonces, a punto de abandonar, esuché sollozos. Seguí los sonidos hasta encontrarme a una joven muchacha de pelo plateado.

Finalmente cuando nos disponíamos para partir me percaté de un objeto alargado. Una espada. Me acerqué y la cogí. Vi mi rostro, por primera vez, reflejado en el. Era un hombre. ¿Era esta la respuesta que andaba buscando? No lo sé. Solo me limité a decir: "Creo que sé cómo usar esta espada".

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Retazos de un Pasado Mejor (I) - Vida y Muerte.

Amaneció un día gris, sin apenas un rayo de luz. Sólo unos pocos conseguían traspasar la gruesa muralla que las nubes formaban. Un aire frío y triste recorría la ciudad de Nueva York, mientras una fina lluvia caía desde el cielo. A lo lejos el retumbar de los truenos amenazaba con acercarse a la gran ciudad. Pero todavía se mantenía lejos.

Reunidos, una familia rota y abocada al llanto rodeaba un ataúd cerrado, a punto de ser sepultado bajo tierra, para dar descanso al pobre desgraciado que había muerto. Tan joven, tan lleno de vida. En su mano había tenido un mundo lleno de posibilidades, de experiencias, de sentir la magia de la vida, pero ahora ese mundo se había oscurecido.
¡Cuán crueles eran las divinidades por haber apagado la vitalidad de un joven que tenía toda una vida por delante! ¡Cuán violento era ver morir a un hijo, destinado a ver morir primero a sus padres! ¡Cuántos lamentos se elevaban al cielo, rogando por un alma extinta!

La madre, apoyada sobre el hombro de su marido, derramaba lágrimas sin poder contener el dolor. Su marido con los ojos vidriosos, tratando de alejar el llanto, no dejaba de temblar, su voz estaba quebrada y su cabeza negaba, negaba que aquella tragedia estuviese pasando. La hija menor, hermana del fallecido, miraba al suelo, casi sin poder mantenerse en pie. Las lágrimas, junto a las gotas de lluvia, caían con violencia al suelo. Su hermano, su protector, su amigo ya no estaba. Todos los momentos que había pasado con él se mezclaban en su memoria mediante un torbellino doloroso de recuerdos.
La novia rodeaba con su brazo el cuerpo de la hermana, mientras vertía alguna lágrima, cabizbaja y triste. En cambio, el jefe se encontraba al lado de la novia, vestido con un traje negro y unas gafas de sol, sin ningún ápice de tristeza. Sólo contemplaba, meditando lo que iba a decir cuando le tocase hablar.

Al lado del ataúd, un sacerdote resistía los golpes de la lluvia, mientras mantenía un respetuoso minuto de silencio en memoria del fallecido. En su interior, rezaba por su alma, al tiempo que rezaba por las almas de sus familiares. Lamentándose por romper el silencio, empezó a recitar.

- Hermanos, hoy estamos aquí reunidos para despedirnos del alma y del cuerpo de Aaron Wake…

Se hace duro… es innegable. Realmente lo es, verte convertido en un despojo. Ver cómo todo lo que habías construido se desmorona, convirtiéndose en una simple mota de polvo. Me duele dejar a los míos, pero no había otra opción. Pese a las circunstancias, siempre os querré y siempre os llevaré en mi corazón.
Pero ahora tengo que marcharme.
Adiós.


-(…)Era un buen chico. Un orgullo para la organización y para mi unidad- dijo el jefe.

-(…) A veces lamento muchas cosas y una de ellas es no haber pasado más tiempo contigo(…) y estoy muy orgulloso de ti, hijo mío-dijo el padre

La hermana y la madre no tenían la fuerza para hablar. Estaban débiles. La hermana se limitó a lanzar una orquídea roja, parecida a la que le había regalado su hermano.

- (…) pero ya nunca volveremos a estar juntos- dijo la novia.

Eso no es verdad. Siempre estaremos juntos, por eso… yo… No… no puedo marcharme. Aún no.

El ataúd fue enterrado. Y la familia empezó a marcharse. Dejando atrás a su hijo, a su preciado hijo. Era un adiós, para siempre.
El jefe y la novia fueron de los últimos en quedarse solos ante la tumba del fallecido. El jefe, que también lo era de la novia, se acercó a la pobre mujer.

-Kate, tome el tiempo que necesite. Cuando se encuentre preparada, regrese a Estigia- se limitó a decir.

Ella asintió, derramando lágrimas. Después se marchó dejando a Stark (así llamaban al Jefe) a solas con la tumba. Stark cogió el teléfono.

- Si, está hecho- silencio- si, enviad una cesta a la familia Wake. Y otra cosa, vigilad discretamente a la señorita Everdeen- silencio- Por qué? Simple. No me creo que Wake esté muerto- cierra el teléfono- Te encontraré.

Stark se dio la vuelta y empezó a marcharse. Con una sonrisa en la cara, ajeno a la tristeza de una familia. Alejado de una falsa tragedia.

Y el lugar de reposo del joven muerto se quedó en silencio. Pero aún había alguien que no se había marchado. No era ni familiar ni compañero de trabajo. No… La familia no fue la última en marcharse, ni tampoco lo fue Stark.
El último fue Aaron Wake.

-Te estaré esperando.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Aaron Wake

Allí estaba. Tirado de rodillas, sin ningún ápice de fuerzas. Tremendamente exhausto. La lluvia empezó a caer sobre mi cabeza. Jadeaba. Agaché la cabeza. Notaba cómo perdía el control de mi cuerpo. No reaccionaba. No podía moverme. De algún modo, noté cómo había llegado al final de mi camino. Pronto desfallecería, sin poder hacer absolutamente nada. Sólo los recuerdos resistían por no ser olvidados.

- Diantres Wake, si sigues así no llegarás nunca a nada.

Recuerdo cuán duros eran los entrenamientos a los que me habían sometido durante mi juventud. Todos ellos llevándome siempre al final de mis fuerzas y de mi propia cordura. Siempre al límite. Y todo bajo la supervisión de mis entrenadores y, por supuesto, de mi familia.

- Hemos invertido muchos esfuerzo y dinero en ti, Aaron. No nos decepciones.

Nunca habían descansos. Ni siquiera podía sentarme, ni siquiera podía recuperar el aliento. Me forzaban a los límites de mi existencia y todo por un objetivo común. Un miembro de S.T.A.R.S. no podía mostrar debilidad alguna, por eso no había margen de error. Cualquier fallo y sería castigado. Un castigo y perdería mucho más de lo que nadie podría perder. Y no había marcha atrás.
Tenía que convertirme en el mejor. Tenía que ser capaz de enfrentarme a la magia. Vencerla. Dominar mis instintos era lo más básico. Saber guiarte por un entorno hostil, lo importante. Y saber imponerte a un mago, lo prioritario. Y todo ello al borde de la mismísima muerte. Aunque eso tan sólo era una opción o eso me decían.

Pero era demasiado para mi.

Cerré los ojos. Y a punto de abrazar el frío abrazo de la muerte, mi mente empezó a recordar. "Si sigues así, no sólo fallarás sino que morirás" decían mis entrenadores; mis padres negaban con la cabeza sin dirigirme ningún tipo de apoyo, decepcionados conmigo, decepcionados con mi actitud, decepcionados con mi debilidad, decepcionados consigo mismos por ser los padres de un falso Wake.
Entonces, en el epicentro de mi desesperación, abrí los ojos y vi mi reflejo. El reflejo de un guerrero, de un hombre capaz de enfrentarse a sus miedos y de vencerlos. De un hombre que no iba a morir ese día.

Una fuerza sobrehumana hizo levantarme del suelo, mis rodillas, arañadas y ensuciadas por el fango, ya no sentían el peso del cuerpo, se sentían capaz de correr. Mi cuerpo empezó a sentirse aliviado por el efecto de la fina lluvia. Cogí la venda que me había acompañado desde el principio de aquella prueba, me la puse alrededor de mis ojos. Necesitaba abrazar todos mis miedos, abrazar a la propia muerte y todo para convertirme en un cazador.
Mi cuerpo y espíritu se unieron, formando un único ser. Me convertí en un cazador implacable, sediento de sangre. Capaz de cumplir los objetivos que me habían encomendado: sobrevivir en un ambiente hostil durante una semana, cazar para comer y demostrar las habilidades que me habían sido enseñadas. Después de eso, vendrían a buscarme, estuviese muerto o no.
Y después de tanto tiempo y de mucho sufrimiento, llegaron las primeras reacciones positivas hacia mi persona. Apoyos y felicitaciones por parte de mis padres; abrazos cálidos por parte de mi madre que hacía tiempo que no sentía; asombro de los entrenadores. No sé lo que les sorprendería más si las cabezas de los animales que había recolectado o el simple hecho de haberme enfrentado a un gran felino sólo y con un cuchillo.

Pero ya no era el mismo. Aunque estuve agradecido por las muestras de cariño, en mi interior una parte de mi ser había muerto. Y como el fénix renació. A partir de aquel momento, los entrenamientos dejaron de ser una molestia y llegó el día en que, por fin, me uní en el cuerpo de élite de SOLDADO. Empecé como un soldado y poco a poco escalé posiciones convirtiéndome en uno de los mejores. No me sorprendió que un tal Stark me llamase para formar parte de su escuadrón. Me sentí verdaderamente halagado, aunque encontré alguna que otra sopresa inesperada.
Aquellos años en el que formé parte de la unidad Estigia fueron verdaderamente interesantes e intensos. Hasta que llegó un instante en el que todo cambió.

Tan simple como un mero instante. Tan sólo eso.

Fue cuando me di cuenta de lo que acababa de suceder y fue, en ese corto lapso de tiempo, cuando supe lo que iba a pasar a continuación. Lo que debía hacer. Y en parte, lo que le esperaría a mi futuro: un infierno.
Era consciente de lo que estaba haciendo. El objetivo de la misión que se nos había asignado, se convertía ahora en mi único billete para la salvación. Y yo debía actuar con rapidez. No había margen para fallar. ¿Por qué lo hice? ¿Por qué no me dejé atrapar o, en el peor de los caso, por qué no me dejé matar? No lo se. Fue un impulso. Una decisión que debía asumir y vive con ella.

Aquella mañana Stark se había mostrado mas contento y feliz que nunca. "La operación ha empezado" farfullaba en numerosas ocasiones, seguidas de palabras que anunciaban una inminente victoria ante el incansable enemigo.  El jefazo nos citó a Section y a mi para contarnos que "la mayor operación anti-engendros" había empezado. Él la bautizó como "Iron Martini".  Tanto a Section como a mi nos extrañó ese nombre y al vernos las caras, Stark matizó sus palabras:

- Mientras vosotros cazáis, yo estaré tumbado en mi piscina de dos metros bebiendo un Martini, mientras escucho cómo habéis cumplido con vuestros objetivos. Y quizá tenga compañía...
Después de eso se nos asignó nuestro siguiente objetivo: Un abogado. Dado que los otros miembros estaban en busca de los otros objetivos que confeccionaban la Operación Martini, nos tocó a Section y a mi darle caza. Reunimos un buen grupo de soldados y fuimos tras él. Ninguno sabía el destino que muchos sufrirían.

Una vez llegamos al lugar donde se encontraba el abogado, seguimos las directrices del protocolo para cazar a un mago. En esta ocasión, teníamos vía libre para acabar con él. El procedimiento a seguir fue sencillo. Un pequeño escuadrón bajo mi mando atacaría por la retaguardia, mientras que el resto del equipo acamparía en la entrada principal y entraría por la fuerza, usando todos los medios disponibles.

Sin embargo, los planes cambiaron. En cuestión de pocos segundos, todo se fue a la mierda. Todo por lo que había luchado se volvía en mi contra. Me acababa de convertir, sin pedirlo, en aquello que combatía. Y eso suponía una cosa, morir. Pero, ¿iba morir en aquel momento? No. Actué mucho antes de recibir el descanso eterno.
Sin saber cómo una arma se materializo delante de mis ojos y nuestro detector de magia empezó a advertir la presencia de otro mago. Yo. No daba crédito a lo que acababa de suceder y mucho menos a lo que iba a pasar. Antes de que mi grupo pudiese reaccionar, cogí el arma y empecé a disparar a los que estaba desprevenidos. Luego, a los que les dio tiempo para reaccionar, conseguí, tras esquivar sus balas de aviso, noquearlos y dejarlos fuera de combate. Y luego huí para buscar al abogado. Un impulso me movía a hacerlo. Pese a oír a los agentes que todavía estaban en pie avisar por radio, no me detuve más y empecé a correr.

Poco a poco, fui eliminando a los miembros del otro pelotón. Hasta que encontré a Section a punto de ejecutar al abogado. Pero lo evité. Luché con él cuerpo a cuerpo, hasta que conseguí alejarlo del abogado.

- ¿Por qué, Shad…- no terminó sus palabras. Sus palabras se ahogaron, ante lo que acababa de ver. Se volvió a materializar una arma diferente en mi mano. Me quité la máscara que llevaba y le miré con tristeza.

-Lo Siento- mis palabras se perdieron, junto al sonido del disparo. El cuerpo de Section cayó al suelo, muerto. Me giré para ver lo asustado que estaba lo que antes había sido mi objetivo. Ahora era la llave para escapar. Tiré el arma y le tendí la mano.

Me llamo Aaron Wake y todo lo que he hecho ha sido para sobrevivir.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Chris Nelzar

El mundo nos puede llegar a cambiar, lo reconozco. Es ley de vida... o eso creo. Hace relativamente poco era un crío que, junto a unos maravillosos padres con los que disfrutaba de tardes de primavera o invierno leyendo, mirando la televisión, etc., vivía despreocupado de un mundo que a día de hoy me incita a conocerlo.

Atrás queda el pasado. Ahora soy otra persona. Soy diferente. Mis padres, por culpa de sus compromisos laborales, dejaron de prestarme toda su atención. Empecé a encontrarme sólo. Aún con los pocos amigos que tenía, un pequeño vacío se apoderaba de mi interior. Muy en el fondo de mi corazón sabía que no siempre durarían las largas tardes de invierno bajo el cálido abrazo de mi madre o las mañanas en la playa con mi padre. Así que no tenía elección. La hora del cambio había llegado. Tenía que ser fuerte en la extrema soledad, tenía que aprender a ser yo mismo sin una figura paterna o materna. Tenía que aprender a vivir.

Todavía me pregunto si el mundo nos cambia para bien o para mal. Y no conozco la respuesta. Un día eres un niño y al día siguiente eres todo un adulto, delante de una gran eminencia de Filología clásica ofreciéndote un diploma y con la mejor de las sonrisas elogiándote: "Eres el orgullo de este nuestro centro. Mi enhorabuena por su matrícula de honor. Le auguro un buen futuro"
Sí, todo eso está muy bien. Pero esa eminencia no sabe que hice trampas para conseguirlo. No es que sea partidario de hacer trampas, pero tenía que hacerlo. El culpable era Shaun. Su actitud incompetente desde que empecé la carrera fue el motivo por el que decidí luchar para vencer. Quería darle una lección.
 Todo un reto, que ha terminado medianamente bien. Podría haber acabado perfectamente, pero Shaun sabe que hice trampas. He de reconocer que es perspicaz y no tiene un pelo de tonto. Ahora me odia y quiere vengarse. Que lo intente.

Podría haberme callado y haber aguantado. Pero no podía. Era demasiado emocionante como para no hacerlo. La dificultad es lo que me permitió realizar esa prueba. Quizá sea la sangre de mi familia, que no puede resistirse a superar una dificultad. De lo contrario, no entiendo a mi padre y a mis tíos trabajando en alta seguridad o cosas por el estilo. O que decir de mi abuelo... Todo un Indiana Jones. La clave estaba ahí. La dificultad. EL subidón de hacer algo increíble, algo impensable. Luchar contra "El gamer" era otro reto. Vencerlo en la competición de paintball, también. Correr por el monte; bucear; correr riesgos... Esa era y sigue siendo mi nueva rutina.
 Cada vez que me siento sólo, siento la necesidad de hacer cualquier cosa que implique un riesgo o que implique un reto para olvidarme. Y así he sobrevivido durante mucho tiempo. Sin embargo, pese a todo esto que he relatado, dejé de ser feliz. Nunca entedí el motivo. No me ha sucedido nada para que me pusiese tan triste. Y de alguna forma dejé de sentirme vivo, actuando como una marioneta.

Pero llegó un día donde todo cambio.

A raíz de un accidente por el monte, donde perdí el conocimiento, tuve un sueño o eso me pareció. Un sueño en el que estaba completamente sólo y malherido. Era de noche. Traté de gritar, pero mi voz se perdía en la espesura del bosque. Ni siquiera el guardían (así llamaba a Jones) vino a ayudarme. Entonces sucedió algo extraordinario: Ante mi, apareció un pokémon revestido de una estela azul. Sus ojos azules cristalinos se clavaron en mi y empezó a acercarse. Traté de moverme sin demasiado éxito. El daño me impedía hacer mucho movimiento. Y por eso, estaba a merced de aquel pokémon con mirada y estela azul. No sabía qué era y empecé a sentir miedo. Sólo quería gritar. Y de pronto, llegó la calma. Un halo azul empezó a rodearme y el dolor que sentía estaba desapareciendo. ¿Me estaba curando?

Cuando terminó, mis piernas dejaron de sangrar y el pokémon con aspecto de un gran canino se quedó mirándome. No sé lo que me movió. Pero antes de que me diera cuenta, mi mano se acercaba lentamente hacia lo que parecía su hocico y cuando por fín supe lo que estaba haciendo, mi mano reposaba sobre la cabeza de aquel can. Me percaté de que sus ojos estaba cerrados, como si estuviese aceptando aquello. "Gracias" le susurré. Abrió de súbito sus ojos. Y de pronto, toda una huested de pokémons de todo tipo aparecieron en aquel claro. La mayoría empezó a cantar y a juguetear alrededor mío; los voladores volaban en círculos, dejando caer plumas; los más curiosos se me acercaron  para olisquearme o jugar con mis manos. Aquello me maravilló.

Y el pokémon mirándome por última vez se marchó sin dejar rastro.

Y cuando quise darme cuenta, desperté gritando "ESPERA" mientras me levantaba sobresaltado del duro suelo. Respiraba entrecortadamente. ¿Qué había pasado? Entonces, recordé el accidente y rápidamente me autorevisé el cuerpo. Sorprendentemente, no había ninguna herida. La ropa estaba desgarrada, pero no había ni rastro de ninguna herida. Aquello era extraño. Si no estaba herido, de quién era la sangre del suelo? "El pokémon" pensé. ¿Había sido un sueño o había pasado en verdad?

Empecé a reír, a reír como nunca antes lo había hecho. Empecé a sentirme de nuevo vivo. Y esta vez, con algo fijo en mi mente: El maravilloso mundo que me rodeaba, lleno de esperanza y de ciraturas por descubrir. Un mundo siempre lleno de motivos por los que vivir. Los pokémons eran mi nuevo reto. Y todo ello, relacionado en un ente que sigo creyendo que vi de verdad. Aquel pokémon canino revestido de un halo azul. Ante mi se abría otra esperanzadora aventura: Me iba a convertir en entrenador Pokémon.

Kaelendril

El atardecer comenzó a desvanecerse para dar entrada a la luna llena seguida de esas largas noches de primavera. Al joven elfo le encantaba permanecer sentado en una colina (llamada La Roca de Auriel) no muy lejana al bosque donde se encontraba su tribu. Para él, la transición entre el día y la noche era más que un espectáculo visual de luces de colores, era una sensación que le transmitía paz y serenidad, un acontecimiento que apaciguaba los males de su corazón y le daba aquella calma que sólo podía darse mientras entraba en el estado de meditación junto a sus otros hermanos elfos.
Pero aquel lugar tenía otro significado mucho más profundo para el elfo, allí había hecho una promesa, una promesa de amor junto a su amada. En La Roca de Auriel siempre se reunían ellos dos para unir aún más los lazos de amor que tenían entre uno y otro.

Pero aquel día, ella nunca apareció. El joven elfo nunca sabría el alcance de lo iba a ocurrir a continuación, pues de pronto una flecha, que no había oído silbar en el aire, se le clavó en el hombro. El elfo, sorprendido, no pudo hacer nada ante varias flechas que surcaban por el aire en dirección a su pecho. La sangre salpicó la roca y el elfo cayó al suelo. Con mucho esfuerzo consiguió, a pesar del dolor en el pecho y a la cantidad de sangre que escupía por la boca, apoyar su espalda contra la pared. Sabía que estaba a la merced de su atacante y que moriría allí mismo, pero al menos sabría quien le había atacado a traición. La última imagen que vio, antes de sumirse en una profunda oscuridad, fue una luna teñida en sangre y unos ojos rojos intensos de un encapuchado seguido de un grupo que se le acercaba. Los sueños de aquel elfo terminaron allí, mientras su sangre se deslizaba por entre las rocas.

Y de pronto llegó el caos. Nadie supo que estaba ocurriendo hasta que se dieron cuenta de la magnitud de aquel ataque. Fuego, sangre, muerte y mucha destrucción. Aquellos que no pudieron reaccionar murieron antes de preguntarse cómo había sucedido aquello y los que consiguieron reaccionar a tiempo fueron los únicos que pudieron defenderse a duras penas y los que intentaron evacuar a su gente. Muy pocos lo consiguieron. La sangre salpicaba a los árboles y el fuego consumía las cabañas mientras aquellas figuras encapuchadas (pero, ¿cuántos eran? Habían muchísimos!) avanzaban sin vacilación matando a su paso a los niños, a los hombres y a las mujeres y en contadas ocasiones se llevaban a algunos elfos (daba igual que fuesen niños como adultos). Pronto los miembros de aquella tribu se dieron cuenta de que no podrían salvarse.
Y en medio de aquel horror, se encontraba Kaelendril, horrorizado, sin poder llevarse la mano al pomo de su espada, sin poder moverse, sin poder hacer nada. Veía como aquellas figuras usaban sus espadas con mucha velocidad y las clavaban en los cuerpos de sus hermanos elfos.  De pronto, vio una cosa que le desgarró el alma. Vio, cogidos de la mano, a una elfa correr junto a un elfo muy joven mientras trataban de correr; sin embargo, su huida se vio pronto truncada por una figura que les cortó el paso. La mujer le dijo algo al joven elfo y enseguida la hembra se lanzó sobre el atacante y el elfo corrió adentrándose en el bosque. Kaelendril supo que esos dos elfos eran su madre y él mismo. Tras un forcejeo, el atacante le clavó la espada sobre su madre. Y el Kaelendril que presenciaba la escena gritó.
-¡NO!- y despertó.

Desperté jadeando y completamente sudado. Había soñado otra vez lo mismo y era una cosa que se repetía una y otra vez. Todas las noches siempre el mismo sueño. Daba igual donde me encontrase ya fuera en una cama cómoda o en el suelo junto a un árbol. Siempre aquella fatídica noche y aquella vez mi mente había construido la muerte de mi madre… Unas lágrimas empezaron a caer sobre mi mejilla, unas lágrimas que no podía reprimir y que cada vez eran más fuertes acompañadas de un llanto cada vez más profundo. No sé cuánto tiempo estuve así, pero me pareció una eternidad hasta que finalmente y llevado por una gran furia, golpeé con todas mis fuerzas al árbol que tenía a mi lado. Golpeé con tal violencia que no sabría decir quien de los dos se hizo más daño o bien mi mano o bien el duro tronco del árbol. Sin embargo ni el árbol ni yo hicimos ningún gesto de dolor.

Relajado, me limpié los ojos en un pequeño arroyo que encontré cerca de donde había acampado, después volví a emprender una vez más mi camino. Muchos de vosotros os preguntaréis dónde estaba en ese momento. Y yo os podría responder sin vacilación alguna que me encontraba en algún bosque perdido de las Tierras del Norte. Buscaba a alguien, alguien que conocía, un individuo que desapareció durante demasiado tiempo. Sabía que no lo iba a encontrar tan facilmente, aún así mantenía la esperanza de encontrar alguna pista sobre su paradero en las profundidades de un bosque que cada vez se iba haciendo más oscuro.

Tenía prisa. Me encontraba en una carrera contrarreloj por salvar aquello que me importaba. Ya se había derramado demasiada sangre y reducido a cenizas muchos hogares. Muchas familias habían perecido con el avance de la plaga, muchas familias habían vuelto a la vida bajo apariencias monstruosas, sin consciencia de lo que hacían. Y ahora los albores de una terrible guerra llamaban a las puertas de mi hogar. Pude huír, pero dejé atrás a muchos. Los abandoné a su suerte. Ahora yacerán muertos bajo el barro o en el peor de los casos renacidos, atacando a los que antes eran sus hermanos y amigos. Pude quedarme, pero no lo hice. ¿Tuve miedo? Quizás. ¿Debería estar muerto? También. Entonces, ¿por qué me fui? Para encontrarlo. Y era aquello por lo que mantenía viva la esperanza. La esperanza de revertir una situación que no auguraba buenos presagios.

No podía perder más tiempo.